“Relatar es un arte, como la música o la poesía”

Con 23 años, Lola del Carril es parte de una camada de periodistas jóvenes que, respaldadas por sus antecesoras, viene a proponer un medio mucho más igualitario. Jugó al hockey en CUBA, estudió Comunicación Social y el año pasado ganó “Relatoras Argentinas”, un reality show de la TV Pública que buscaba a la mejor relatora del país. Hoy, Lola les pone su voz a las transmisiones de la Serie A, Premier League y hockey, en ESPN.

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El domingo, estuvo al frente del primer Superclásico femenino en el Monumental y volverá a hacer historia esta tarde. A las 19, en Central Córdoba – Huracán, se convertirá en la primera mujer en relatar por TV un partido de la Primera División masculina. Con Olé, Lola recuerda sus inicios en la profesión y analiza el trayecto de una carrera que recién comienza.

EL RELATO Y SUS OTRAS PASIONES

-¿Qué representa la pasión en tu vida?

La pasión es mi bandera. Estoy marcada a fuego por la pasión. Por momentos, me ha llevado a motorizar un montón de sueños. En otros, me ha hecho atolondrarme y ponerme ansiosa. Pero no hago nada si no lo hago con pasión. Cuando jugué al hockey, lo di todo. Cuando agarro la guitarra, me abstraigo y lo doy todo. Si escribo es igual. Es algo que me nace y soy así, también, con mis vínculos. Soy una persona pasional y presente con mis afectos. Y, obviamente, está vinculado a la elección de mi trabajo. Para estar 90 minutos con la verborragia de la pasión, hay que ponerle el corazón.

-Así que la vas canalizando en distintas válvulas de escape…

-Claro. El canto y la guitarra son una. Escribo mucho, como para canalizar emociones. También me gusta hacer freestyle. Está todo dentro del universo lingüístico, de transmitir, de comunicar.

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-¿Qué es el relato?

El relato es el arte del vértigo. Son 90 minutos de estar en una cabina y, por más estudio previo que haya, nunca se sabe lo que va a pasar. Tenés que tener rapidez mental para describir lo que pasa, sin pisarte, buscando sinónimos. Y, además, todo lo que pasa es una ráfaga de espontaneidad. La dinámica de lo impensado, como dijo Dante Panzeri. Entonces uno está intentando ponerle un norte a esa historia a través de una impronta, de metáforas, con una manera de ver el fútbol. Al ver al relato como un arte, no me parece tan distinto a la música o a la poesía.

-¿Se nace relatora o puede haber una construcción?

-Es un poco de las dos. Hay personas que nacen con talentos difíciles de superar para alguien que no tiene la misma habilidad. Messi está tocado la varita. Pero, quizás, al lado de él había un chico que era más disciplinado. Sin embargo, por más duro que entrenara, nunca iba a tener la pincelada de Leo. En cuanto al relato, tiene que haber algo nato, algo que te nazca de adentro. Es muy difícil que alguien que no lo sienta quiera y pueda ser relator o relatora, porque la pasión está en el medio. Después, obviamente, hay que pulirlo, trabajarlo, perfeccionarlo.

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-¿Cuáles fueron tus primeros contactos con los medios, con la radio, con la TV?

-Relataba como hobbie, entre bromas. Lo hacía para divertir a mis amigas durante asados o desde la tribuna cuando miraba partidos de hockey en CUBA. Sin darme cuenta, eso era un contacto con el mundo profesional, pero no lo podía simbolizar como trabajo. Era inimaginable para mí la idea de llegar a ser relatora porque no existía el espacio ni la tierra fértil para que entrara la mujer en ese rol. Además, no quería saber nada con estar 90 minutos concentrada, sobre todo por el miedo a equivocarme. Pero me mandé a relatar fútbol femenino para un medio federal. El primer partido de Primera C del fútbol femenino entre Sportivo Italiano contra Argentino de Merlo, en Ciudad Evita. Todo muy autogestionado, teniendo que tocar la puerta de los vestuarios para pedir las formaciones. Me sentí bastante bien para ser la primera vez.

-Y a partir de ahí tuviste la necesidad de perfeccionarte…

-Claro. Comprendí que tenía que estudiarlo, capacitarme. Entonces me anoté en el curso de relato y comentario deportivo de Deportea, con Alejandro Calumite y Javier Tabares. Me ayudó a conocer los roles dentro de la transmisión, el ritmo en las diferentes fases y entender que una relatora no encuentra su estilo el primer día, sino que lo vas armando con las horas de vuelo. El curso me demostró que existía la chance de dedicarme al relato.

-Y apareció Relatoras Argentinas. ¿Qué le dirías a la Lola que comenzó en el reality?

Sin dudas, que lo disfrute mucho más. Estaba tensionada porque soy muy competitiva. Quería ganar, je. También le aconsejaría que no quiera florear todo en pos del reconocimiento. Es distinto relatar dos minutos, como pasaba en el programa, y hacerlo en 90 minutos, en donde podés distribuir los recursos. Pero, en cuanto a lo técnico, no podría decirme algo puntual porque estaba aprendiendo. Equivocarse es parte del proceso, de encontrar un estilo. Y, después, haber ganado Relatores Argentinas fue la puerta hacia Narnia. Me abrió un mundo. Me dio la posibilidad de estar en la TV Pública, de presentarme al casting con ESPN. Fue una hermosa experiencia.

LA LLEGADA DEL ÉXITO

-¿Te sentís referente?

-No. Para nada. Soy una persona que tiene los pies sobre la tierra. Ser parte de un hito, de momentos históricos del periodismo deportivo femenino, me cuesta entenderlo y procesarlo. Entiendo que, si mi toca asumir ese lugar el día de mañana, lo haré con responsabilidad, como lo hicieron muchas otras mujeres que me antecedieron. Por ahora, lo disfruto de esta manera. Intento que mi trabajo conserve la magia de lo divertido y no pase a ser una mochila de presión.

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