Opresión de los humedales | Perfil

La piel de juncos verdes se extiende desde el lecho ondulante del río hasta la cabecera de un muelle de madera, estirada como un brazo. Detrás de la espesa empalizada, un camino recto de tierra; al fondo se levanta majestuosa una torre de hierro trenzado que descansa sobre la alfombra carnosa de flores violetas; en la parte superior, un disco de aluminio (¿antena?). Con más de un kilómetro de largo, la playa tiene una fuerte pendiente. (Justo debajo del desnivel formado por las empalizadas, los invitados acostumbran a tomar un baño, cuando las condiciones climáticas son favorables). El atardecer multicolor ofrece un espectáculo formidable.

Del otro lado del manto de caldo se extiende un denso tejido vegetal, hecho de juncos, sauces, sarandíes, ceibos. Así, las luces brillantes de las casas quedan atrapadas tras este cerco que las hace intermitentes y delgadas, llegando apenas al río convertido en reflejo. Los pocos barcos que pasan doblan la losa blanda a su paso, formando protuberancias líquidas que rompen en la orilla. Es uno de los pocos sonidos que se acerca. El motor de los barcos, el gancho del medio ambiente.

La niebla que acompañó el día se ha desvanecido; en cambio, suaves rayos de luz abrazan el momento como el abrazo de una madre. Los árboles talados para despejar el terreno anidan en uno de los márgenes, junto a una exigua valla de ligustro recortado; En el otro extremo de esta silueta empinada, un jardín rebosante de tomates, cebollas, calabazas, plantas de lechuga, calabazas, maíz. La mezcla de arbustos y arbustos le da al espacio un aspecto ondulado.

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Mon ordinateur portable joue 1985. Superbe, généreux, le movie dont tout le monde parle fonctionne comme un artefact d’ingénierie robuste, fileté dans sa technique d’une manière si sophistiquée qu’il constitue un événement essentiel dans l’histoire de la cinématographie Argentina. En 1985 todo funciona: se ve bien, suena bien. Por lo demás, en pasajes hace un guiño a Los Incorruptibles, pero no dejaba de pensar en Salvar al soldado Ryan, una de mis películas favoritas. Quizá una cirugía forzada. Eso es lo que estaba cuando Marcos, el dueño del resort, me sacó de mis pensamientos y de repente me interrumpió:

“Un poco parcial, ¿no?”

Más allá de la oscuridad absoluta, conviven dos pequeñas lámparas de tortuga incrustadas en postes de palma. El suelo está frío y húmedo como una celda de zoológico.

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