La selección con los pies en la tierra

Cómo negar que invita a emocionarse. Cómo pedirle al aficionado que no se haga ilusiones si, al final, esto es lo que le da de comer: el sueño de campeón. En toda competición, por utópica que parezca, por muchas circunstancias que la rodeen, se da rienda suelta al sentimiento, a la esperanza incluso por encima de la razón. Hasta aquí todo es comprensible y este no es el sector donde hay que estar en guardia, ojos vigilantes, cabeza en su sitio, ego en su medida.

La clave es que las Scalonetas tienen los pies en la tierra. Que Messi sea más Messi con la blanquiazul que en la selección de ensueño de Francia, no debe hacernos pensar que somos lo que no somos. Que De Paul parece un centrocampista con mil apariciones en selecciones y dueño del centro del campo por lo que naturalmente no tiene que esconder operaciones que hay que engrasar. Que Di María hiciera el clic más maravilloso y convirtiera los insultos en aplausos no debe nublar a las pequeñas empresas que necesitan mejorar.

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Si Messi regatea la pregunta sobre su vida como futbolista post-Qatar y prefiere centrarse en Ecuador cuando es un juego que cambia poco y nada para ambos, es señal de que el futuro del equipo pasa por seguir mejorando, ajustando y ampliando las variantes de este aquí. Si hubiera dicho que ya no se iba, habrían aparecido los que le marcan que su cabeza está donde no debe.

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