El ojo de Cristian Traverso y 100 respuestas sin filtro: su inicio en River, la gloria con Bianchi en Boca y las milanesas ”de contrabando” con Riquelme

Se inició como 9 en el fútbol infantil de River, fue moldeado como un mediocampista central de buena técnica en Argentinos, se transformó en un defensor central áspero en la U de Chile y se consagró en Boca, el club del que es hincha desde chiquito, jugando todos los minutos de las cuatro finales de la Libertadores y de las dos Intercontinentales de los años 2000 y 2001 en el glorioso ciclo de Bianchi. Al ganar las elecciones, Riquelme lo invitó a ser parte del Consejo de fútbol, pero como sabía que iba a chocar con algunos integrantes, prefirió pasar y hoy se destaca por su frontalidad para hablar de todos los temas en la televisión, y también en estas 100 preguntas. Destaca a Gallardo, cree que a Tevez lo maltrataron innecesariamente, revela detalles de su convivencia con Maradona y cuenta anécdotas muy jugosas del Boca que integró e hizo historia, incluyendo el cargamento de sándwiches de milanesas que se distribuían en la habitación que compartía con Riquelme. Traverso, sin filtro.

1. –¿Quién es Cristian Alberto Traverso?

–Una persona que desde mis orígenes en San Martín jugó en el barrio a la pelota con la idea de llegar a ser futbolista, esforzándome, estudiando y trabajando. El fútbol fue una hermosa profesión que elegí, pero nunca dejé de ser yo mismo. A mí me conocen de verdad por cómo soy, no por haber jugado en Boca. Durante mi infancia y adolescencia me la pasaba todo el día con la pelota, jugaba los campeonatos en el barrio, después lo hice en las inferiores de Argentinos y los domingos iba a ver a Boca. Así crecí.

2. –Apodo de pibe.

–En el barrio siempre fui Cabezón. Tenía cabeza normal, pero de cuerpo era flaquito. En la U, un periodista me puso Tigre y quedó: un poco por la fuerza y por la entrega, además tenía el pelo largo.

3. –¿A qué se dedicaban tus viejos?

–Mi viejo ponía pisos de goma, laburaba en toldería, siempre se la rebuscó. Mi vieja, en servicio doméstico, limpiaba casas. Vivíamos los tres en un PH que era pieza, cocina y baño. Dormíamos todos juntos. Si abrías la puerta del horno tenías que salir de la cocina, era una casa chiquita pero cálida. Había un patio, y en verano, a veces, dormíamos afuera. Muchos amigos del fútbol se quedaban en casa: dormían en el piso, pero se ve que los tratábamos bien porque volvían. Una de las historias que más destaco, y tiene que ver con los valores que nos inculcaba Argentinos, es la de Juan Gómez, el defensor central que después jugó en River. Vino grande de Corrientes a probarse y lo invité para que viviera en casa conmigo.

4. –¿A qué te referís con “los valores de Argentinos”?

–A que Juan se sumó a la Cuarta, con 18 años, jugaba en mi puesto, era rápido, iba bien arriba y yo podría haber dicho: “Este me va a quitar el lugar, mejor no lo ayudo”. Juan vivía en la pensión, no estaba bien y lo invité a que se quedara en casa. No teníamos demasiado lugar, pero por lo menos iba a tener comida. Al final a mí me subieron a Primera y a la semana lo subieron a él. La escuela de Argentinos pasaba por el compañerismo, por los valores de competir sanamente, de pertenecer a un grupo, de amistad. El padre de un compañero que nos llevaba en auto tenía un televisor color en su cuarto y nosotros teníamos una con antena que teníamos que sacar al patio para ver, pero el chico venía a casa porque la pasaba bien. Esos son valores de amistad. Y en lo futbolístico te inculcaban no traicionar las convicciones, si tirabas un sombrero o un caño, no importaba si la perdías.

Traverso hizo todas las inferiores en Argentinos Juniors; aquí, el segundo desde la derecha, parado
Traverso hizo todas las inferiores en Argentinos Juniors; aquí, el segundo desde la derecha, parado

5. –¿Cuál era tu equipo de barrio?

–El 1° de mayo de Loma Hermosa. Ahí jugaron mis tíos y mi viejo, viene por generaciones el tema. Las finales eran muy importantes, porque en el barrio tenías que jugar bien a la pelota, no había otra. Ahí yo era 10, mientras en Argentinos era 8 o 5. Después, me agarró Pekerman en Cuarta y me propuso jugar de defensor central ante la venta de Cáceres. Como no quería saber nada, fui a pedir el pase libre. Había un tipo que me había visto en el barrio y me quería llevar a jugar los domingos a Junín por plata. Yo ya había terminado sexto año en el colegio, no era todavía profesional y en Argentinos no me pagaban viático y en casa no alcanzaba la plata. Estuve una semana sin ir al club, enojado, por suerte José me convenció de seguir.

6. –¿Por qué José te propuso ser central?

–Había muchos volantes, me debe haber visto condiciones para el puesto y me dijo que el club iba a apostar por mí en esa posición. Yo no tenía físico de defensor, era muy flaquito, pero en Argentinos no se buscaba al típico central grandote que pegaba sino más la línea de Cáceres, nos impulsaban a salir jugando. Con gente como José en inferiores, Argentinos estuvo un paso adelante del resto.

7. –O sea que Pekerman fue clave en tu carrera.

–Sin dudas. Si no me convencía, quizás hubiera ido a Junín a jugar por plata y andá a saber cómo terminaba. Y hubiera seguido laburando con mi tío, colgado en el camión, repartiendo gaseosas. Mi otro laburo fue gracias a Miguel Bartolometo, un amigo: limpiaba las parcelas, las placas y los floreros en el cementerio de San Martín. Después tenía que cobrarles a los familiares de los difuntos: Iba en bicicleta de casa en casa, para ahorrarme la moneda del colectivo. La gente del barrio siempre me ayudó, me empujó para que pudiera llegar a ser futbolista. Igual, tenía que estudiar. Al menos en mi caso, si no estudiaba, no me dejaban jugar a la pelota. Eso se fue perdiendo, lamentablemente.

8. –Definite como jugador.

–Tuve dos etapas: una en la que trataba de jugar bien, saliendo de abajo, incluso con algún lujo, en mis inicios, y otra que arranqué en la U de Chile, donde la pasé mal los primeros meses justamente por eso, porque quería salir jugando, me la sacaban y nos metían un gol. Perdí el puesto y me dije: “acá tengo que cambiar el chip”. Entonces me adapté a tirarme a los pies, a ser más rústico, un jugador más de sacrificio. Me tuve que ir amoldando y pasé a ser más mañoso.

9. –¿Quién te hizo hincha de Boca?

–Tenía un tío de Chacarita, que era de la hinchada, les regalaba el conjunto de Chaca a todos, pero conmigo no pudo. Un cuñado de mi papá era de Boca y me llevó a la cancha con 10 años y para mí fue monstruoso. Mi viejo es de Boca pero no iba a la cancha. En el barrio éramos todos de Boca, en realidad. Estaba el Tula, un colectivero amigo que trabajaba en la 161: los fines de semana tenía el colectivo y nos íbamos todos del barrio a la cancha. En el 87 me hice socio, eran épocas malas de Boca, pero la hinchada se quedaba cantando después del partido. Y yo me quedaba mirando a la hinchada.

10. –Tu ídolo.

–El Loco Gatti era la figura máxima de Boca en esos años. Era el que daba show. Como mi papá hacía toldos, me hizo una bandera de Boca de 2 x 2 y en el medio le puse una foto de Gatti de El Gráfico. La tenía en mi pieza. Después la vida me permitió jugar el partido despedida de Gatti, increíble.

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11. –¿Es cierto que te pusiste la camiseta de River?

–Sí, jugué en el fútbol infantil de River. Me vieron en el baby de Almafuerte pero yo no quería ir porque era hincha de Boca. Al final lo acepté: era 9 de mi categoría y el 10 era Pablo Lavallén. Un día, el viejo Ruiz me sacó porque en una final me tiré a los pies y él decía que los jugadores elegantes no se tiraban a los pies. Después, la elegancia la guardé en el ropero, ja, ja, la tiré a la mierda. En River te inculcaban jugar con la cabeza levantada, en el equipo estaba Fabián Pessano, una lateral que era fanático de Boca y jugaba con la camiseta de Boca debajo de la de River. Eso se sabía, pero eran otras épocas y nadie te decía nada, nada que ver con lo de ahora.

12. –¿Cómo manejabas jugar en River siendo hincha de Boca?

–Nunca me puse a pensar en eso, éramos chiquitos. Si me preguntaban, yo decía que era de Boca. Los ojeadores te identificaban por cómo jugabas, no por el equipo del que eras hincha. Después, uno es profesional y por lo general deja el hincha de lado. En mi caso sí te puedo decir que cuando tuve la oportunidad de elegir entre River y Boca, ahí afloró el hincha y elegí a Boca, aunque River me ofreciera más plata y mejores condiciones deportivas. Mi sueño era jugar en Boca y tuve la posibilidad de elegir y concretarlo.

13. –¿En qué momento fue esa elección?

–A mediados del 96 estaba en la U de Chile, venía de ser elegido el mejor jugador del campeonato y Gustavo Mascardi nos compró a mí y a Marcelo Salas. Me dijo que River me quería a préstamo y yo le dije que a préstamo no iba, sentía que no me valoraban si iba a préstamo. Al final compraron a Salas, yo me quedé y en diciembre me planteó: “Tenés River, Racing y Boca; River es el que más paga”. Leo Rodríguez, compañero mío en la U, había sido comprado por el América de México y de ahí me querían también. Leo me mandó por fax el contrato del América, ¡era el triple de lo que me ofrecía Boca! Pero le dije a Mascardi: “Hacé lo que tengas que hacer, pero yo quiero jugar en Boca”.

En 1995, Traverso fue campeón con la U de Chile y elegido el mejor jugador del año; aquí, abrazado con Leo Rodríguez en la tapa de Don Balón
En 1995, Traverso fue campeón con la U de Chile y elegido el mejor jugador del año; aquí, abrazado con Leo Rodríguez en la tapa de Don Balón

14. –¿Qué te dijo Mascardi?

–Se portó muy bien y respetó mi decisión. Fue un caballero. A él le convenía que yo fuera donde pagaban más, porque él había invertido plata en comprar mi pase, pero me dejó elegir. No era mi representante, eh, era el dueño del pase. En esos años estaba permitido que una persona comprara a un futbolista, luego las leyes cambiaron y protegieron más al jugador. Por eso siempre digo que cuando pude elegir, como en este caso, elegí con el corazón. Porque no sólo River me pagaba más plata, también venía de ser campeón, estaba en un gran momento, mientras que Boca vivía el post Bilardo y era medio caótico. Pero no había manera de traicionar el sentimiento. Costó mucho dar vuelta esa historia ganadora de River. Antes de ganar todo con Bianchi hubo que remarla, no fue fácil.

15. –Volvamos a las infantiles: ¿por qué te fuiste de River?

–Por un incidente que hubo en la confitería. Había cena show de fin de año, mi papá había juntado plata no sé de dónde para comprar las entradas y, cuando llegamos, no tenía mesa, entonces se sentó en el piso frente al presidente, creo que era Aragón Cabrera. Y nos echaron a patadas. A mí, que era el goleador, y al Pescadito Walter Paz también, que era el mejor de la categoría. A la semana siguiente nos fuimos a Argentinos.

16. –¿Los tomaron de una?

–Justo habíamos jugado el fin de semana anterior en Boyacá, con nuestra categoría de River. Había como 500 pibes para probarse, se largó a llover, estaba Oscar Refojos tomando los nombres, y cuando nos vio, nos preguntó: “¿Ustedes no jugaron el otro día contra nosotros? Vengan con el pase que los sumamos”. Y así entramos. Mi viejo quería que fuera a Chacarita, porque era más cerca de casa, por el viático. Siempre la plata era un problema…

17. –¿Y en Argentinos seguiste jugando de 9?

–No, ahí arranqué de 5, porque yo quería jugar de 5, porque en el barrio jugaba de 5 y porque mi viejo jugaba de 5 y me decía que tenía que jugar de 5. Para mí, ese es el puesto más lindo, todo pasa por ahí. Creo que el hecho de haber jugado bastante en ese puesto en inferiores me ayudó después, cuando Bianchi me puso de 5 por la lesión de Serna para jugar la Libertadores de 2000.

Traverso, con la camiseta de Argentinos, marcando al Beto Márcico, en un partido ante Boca
Traverso, con la camiseta de Argentinos, marcando al Beto Márcico, en un partido ante Boca

18. –¿Qué tienen de distinto las inferiores de Argentinos que sacan tantos jugadores sin los recursos de otros clubes?

–En Rosario tenés dos clubes muy grandes, entonces casi todos los pibes van a probarse ahí. En Buenos Aires y alrededores tenés 50 mil clubes, pero cuando la marca está registrada y reconocida, ganás mucho. Se sabe que en Argentinos el trato a los chicos es muy bueno, y también la forma de manejarse de los formadores. Esa es una de las principales claves: que tiene excelentes formadores. Y no son los amigos que se inician de algún dirigente de turno. No, son los viejos maestros. Oscar Refojos fue uno de los tipos más sabios que conocí: te veía caminar y decía “este juega de 8″, y conocía a los pibes de todos lados. Y una más: Argentinos nunca buscó resultados en inferiores, siempre formó chicos, y llegaban a Primera, a diferencia de lo que pasaba en otros clubes.

19. –¿Qué diferencias hay entre ser 2 y 5, vos que jugaste en ambos puestos?

–A mí me gustaba más ser volante central. Como defensor, al no ser morrudo, porque en Argentinos no hacíamos pesas como en otros clubes, tenía que chocar después contra Gambier, Medina Bello o el Turco García, y te tiraban a la mierda. En la mitad de la cancha participás mucho más de juego y si te acostumbrás a dar órdenes, mejor. Atrás tenés más panorama, pero si te equivocás, le tenés que prender una vela al arquero. De 5, te podés equivocar, y no es tan grave.

20. –En la U de Chile jugaste dos años, pero por lo que leo en tus posteos te marcó mucho.

–Me costó mucho los dos primeros meses: pasé a un gigante, donde existía mucha presión de la gente y del periodismo, y no estaba acostumbrado. Yo salía jugando, me la robaban y pagábamos con gol. Me mataban. El técnico me sacó, tuve que cambiar el chip, y al final terminé como el mejor jugador del campeonato en el 95, cuando había grandes figuras como Gorosito y Acosta en la Católica. Hacía dupla con Ronald Fuentes, el mejor defensor con el que compartí una zaga. La U había descendido en el 89, y en el 94 salió campeón después de 25 años. Yo llegué para el siguiente título, pero la gente ya estaba muy identificada con ese equipo. Y en el 96 fuimos semifinalistas de la Libertadores. El hincha de la U es especial, como dicen allá: “si mojan la camiseta es suficiente”. Es muy parecido a Boca. La gente entendió el esfuerzo que hice para dar vuelta la situación y lo reconoció.

Con Ronald Fuentes, su compañero de zaga en la U: “El mejor defensor con el que compartí equipo”
Con Ronald Fuentes, su compañero de zaga en la U: “El mejor defensor con el que compartí equipo”

21. –¿Se notaba que Salas era distinto?

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–He jugado con muchos grandes delanteros, y para mí Marcelo fue el mejor definidor de todos con los que compartí equipo. Dentro del área te liquidaba: enganchaba, era rápido, gambeteador, guapo, cabeceaba, tenía una personalidad tremenda. Por algo hizo una carrera extraordinaria.

22. –¿Los robaron en la semifinal de la Libertadores 96 con River?

–Éramos la piedra en el zapato de esa Copa, la Cenicienta, y el negocio era que llegaran brasileños y argentinos a la final. Uno no imagina que te van a robar de esa manera, pero eran las típicas noches de Copa, con trampillas fuera de la cancha. El día anterior fuimos a entrenar a Lanús y no llegaba el micro, nos cagamos de frío esperando, no había agua caliente y al otro día Ronald Fuentes no jugó, y yo jugué con 39 grados de fiebre. En el partido, el penal que no cobró el árbitro ecuatoriano al Huevito Valencia fue descarado ¡La primera vez que dan ley de ventaja en un penal! Insólito. Esa semifinal la tenía que ganar River, pero nosotros estuvimos a la altura. Se nos escapó en Santiago, que empatamos 2–2, y después perdimos 1–0 en el Monumental con un arbitraje escandaloso y un gol de carambola. Ya pasó, después me enteré de algunas cosas sobre el árbitro que no las puedo decir y son muy fuertes. No las puedo decir porque no tengo pruebas. Pero sí tengo mis razones para decir que fue un robo.

23. –¿Hoy sigue habiendo esas trampillas en la Copa?

–Hoy está todo más controlado, más visible, tenés hasta cámaras en los túneles y accesos a vestuarios. Creo que siguen existiendo esas pequeñas mañas, pero mucho menos. Las localías siempre son fuertes en la Libertadores, después el equipo local tiene que saber ganar. Al sistema le conviene facturar y que los equipos grandes estén en las finales, esa es la realidad. Hay cosas cobrables en la cancha, otras son muy evidentes y no lo pueden hacer: un codazo, un offside de un metro, un penal. La tecnología no va a solucionar esto, porque hay jugadas muy puntuales, y depende de en qué cuadro te tiren la línea del offside para que sea o no. Después, siempre hubo y seguirá habiendo árbitros que se asustan y se dejan influenciar.

24. –¿Por qué criticás tanto a la gerenciadora de la U de Chile?

–Es lo que siente el hincha de la U y como yo no tengo compromiso con nadie, siempre estaré del lado de la gente, doy la cara por ellos. El club se gerenció hace más de 10 años y al principio estuvo bueno, fue campeón de la Sudamericana con Sampaoli, pero después las cosas se hicieron muy mal y ahora entró una nueva concesionaria con ciertos personajes que no están tan claros y ya desde hace unos años la U tiene serios riesgos de descender, camina por la cornisa.

Cuatro argentinos que hicieron historia en la U: Superman Vargas, el Cuqui Silvani, Leo Rodríguez y el Tigre Traverso
Cuatro argentinos que hicieron historia en la U: Superman Vargas, el Cuqui Silvani, Leo Rodríguez y el Tigre Traverso

25. –¿Estás en contra de la SA en el fútbol? Porque a la Católica le está yendo muy bien con ese modelo desde hace varios años.

–No estoy en contra de las SA por sí mismo, pero tampoco me banco que venga un tipo y haga mierda el club. Hay clubes que pueden ser SA y otros que no: la U no lo necesita, porque es el que más recauda por espectadores, genera más que Colo–Colo y cualquier otro. Quizás estén parejos en gente, pero la fidelidad de la gente de la U es superior. En su peor momento, la U metía 70 mil personas en el estadio Nacional. No me gusta las sociedades anónimas en equipos tan grandes: vienen a hacer negocios, cotizan jugadores con la camiseta y se van. Esta gente de Azul Azul tiene la concesión hasta 2037, es una locura, por eso colaboro con los hinchas. Mostrar el descontento que existe en el hincha es para mí devolver parte del cariño que me dieron.

En un amistoso de 1995 entre la U y Boca, junto al Mono Navarro Montoya. Un anticipo
En un amistoso de 1995 entre la U y Boca, junto al Mono Navarro Montoya. Un anticipo

26. –¿Qué sentiste la primera vez que pisaste la Bombonera como jugador de Boca?

–Fue especial: ver a los hinchas en el portón de Casa Amarilla pidiendo autógrafos, la gran cantidad de periodistas, todo eso que significa el mundo Boca fue muy fuerte. Yo llegué con mis zapatillas Topper blanca y el pañuelito de los Rolling Stones. Caniggia decía que era un roñoso porque no me lo sacaba nunca… A este tipo de clubes los jugadores necesitan adaptarse, por más que el corazón empuje, no es fácil. Yo no estaba bien físicamente cuando llegué, pero no quería dejar de jugar, me daba pudor decir que estaba lesionado, y en mi debut me expulsaron, en un amistoso contra el Sao Paulo.

27. –¿Cómo manejás el sentimiento del hincha siendo panelista en la tele?

–Yo me siento para hablar de fútbol y soy auténtico, no tengo filtro. Cuando a veces me paso de la raya por criticar a la dirigencia lo hago porque soy así, lo único que no quiero es que piensen que digo las cosas por política. Nunca lo hice por ese motivo. Entiendo que la crítica puede molestar, pero si las cosas se hacen mal, aunque sea del club del que soy hincha, las voy a decir.

28. –¿Te seguís poniendo mal cuando pierde Boca?

–Sí, claro, me enojo y me pongo mal, como todo hincha. Incluso lo expreso en voz alta frente a la tele, en mi casa, y alguna puteada se me escapa. Sigo siendo hincha venenoso de Boca, pero me tengo que controlar en mi función. Para mí no corresponde entrar en la chicana de te fuiste al descenso o te gané en Madrid. Mi función es analizar el juego y lo que lo rodea, fríamente, sacándome la camiseta.

Cristian Traverso compartiendo una práctica en Boca con Maradona y un platinado Palermo
Cristian Traverso compartiendo una práctica en Boca con Maradona y un platinado Palermo

29. –¿Cómo te pegó la muerte de Diego?

–Con Diego fuimos compañeros en Boca y estuve cerca en varios momentos y lo ayudé cuando la pasaba muy mal. Después del Mundial de Sudáfrica, tuve un contacto en Dubai, les pregunté a los allegados de Diego cómo estaba, y me dijeron que andaba depresivo. Entonces levanté el teléfono y le dije: “Gordo, ¿tenés ganas de laburar?”. Me contestó: “¿A dónde, Trabuco?”. Diego me decía así. Se estaba yendo a Chechenia a inaugurar un estadio, yo vivía en México y así se armó todo y le conseguí ese trabajo. Al final, Diego llevó a su gente y terminamos como terminan todos con Diego: mal. Porque se meten los que no se tienen que meter. Y la señora me dijo: “La imagen de Diego la manejo yo acá”. Y empezaron los problemas.

30. –¿Verónica Ojeda o Rocío Oliva?

–Ojeda y su gente. Discutimos y terminó todo mal, porque yo estaba una hora con Diego y las otras 23 él estaba con su gente, y todos ahí del entorno quieren chupar sangre. Los acuerdos no se respetaron y listo, se cortó. Cuando Diego murió, me acerqué a la Casa Rosada con periodistas amigos a ver si podíamos saludar a la familia y despedirlo, y por suerte nos dejaron entrar. Con la familia, agradecidos.

La entrevista a Cristian Traverso continúa aquí.

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